La sauna es un excelente ejercicio para el corazón y los vasos sanguíneos. Por eso resulta beneficiosa en casos de hipertensión moderada, ya que, al dilatarse los vasos sanguíneos y al sudar, la presión arterial desciende de forma natural.
La sauna cura las vías respiratorias. Bajo el efecto del calor, los bronquios se dilatan, la frecuencia y la profundidad de la respiración aumentan, lo que activa la transferencia de calor y compensa la falta de oxígeno en los órganos internos.
La sauna calma los nervios. Potencia los procesos inhibidores del sistema nervioso central, provocando un efecto sedante (calmante).
